En los primeros días de la invasión a gran escala, miles de ucranianos se presentaron voluntariamente en las comisarías militares para firmar sus solicitudes de movilización. Ocurrió el 25 de febrero de 2022, en medio del caos, la incertidumbre y la amenaza real a la existencia del Estado. En aquel momento nadie exigía pasar por una junta médico-militar: el sistema simplemente no podía seguir el ritmo de los acontecimientos.
Un reportaje del medio «Ukrainska Pravda» titulado «La fábrica de los aptos» plantea cómo fue transformándose con el tiempo el procedimiento de selección médica para ingresar a las fuerzas armadas. Si al comienzo de la invasión el Estado aceptaba prácticamente a todos los voluntarios sin revisión médica formal, con el paso del tiempo las juntas médico-militares se convirtieron en una etapa obligatoria y con frecuencia dolorosa para todos los sujetos a reclutamiento.
El problema no radica únicamente en la burocracia. A lo largo de los años de guerra se consolidó todo un sistema que determina quién es «apto» para el servicio y quién no. Los críticos señalan la falta de transparencia y la inconsistencia en el trabajo de las comisiones: diagnósticos similares pueden arrojar resultados opuestos según la región, el centro médico o el médico concreto.
Al mismo tiempo, el Estado enfrenta la necesidad objetiva de nutrir las filas del ejército en el contexto de unos combates prolongados. Esto genera una presión constante sobre las estructuras médicas, que deben equilibrar el estado de salud real de los reclutas con las necesidades del frente. Es precisamente en esta contradicción donde nacen las numerosas quejas y debates sociales en torno al funcionamiento de las juntas médico-militares.
Los veteranos que se alistaron voluntariamente en los primeros días tras el 24 de febrero contemplan ahora este sistema con particular asombro. Recuerdan cómo firmaron sus solicitudes sin ningún certificado médico y, aun así, combatieron. Hoy ese mismo Estado exige a los nuevos reclutas someterse a un reconocimiento exhaustivo que en ocasiones se prolonga durante semanas.
El debate en torno al funcionamiento de las juntas médico-militares sigue siendo de plena actualidad. La sociedad necesita reglas transparentes y comprensibles, tanto para quienes desean servir como para quienes el Estado declara aptos de manera obligatoria. De cuán justa y eficaz sea esta sistema depende no solo la capacidad combativa del ejército, sino también la confianza de los ciudadanos en las instituciones del Estado en su conjunto.

