Divorcio después de los 60: por qué las parejas se separan al jubilarse
Cada vez más parejas mayores de 60 años deciden separarse al llegar la jubilación.
Cada vez más parejas que han vivido juntas durante décadas deciden separarse después de los 60 años. Este fenómeno es registrado con creciente frecuencia por sociólogos y psicólogos de familia, y las propias personas explican su decisión con razones muy similares.
El principal detonante es el cambio en el ritmo habitual de vida. La jubilación y la marcha de los hijos adultos del hogar crean en la familia un silencio particular. Es precisamente en ese momento cuando muchas parejas descubren que lo que las había mantenido unidas durante años no eran valores o sentimientos compartidos, sino circunstancias externas: la crianza de los hijos, los horarios laborales, la rutina cotidiana.
Cuando esos factores desaparecen, los cónyuges se encuentran solos el uno con el otro, a veces por primera vez en muchos años. Y no siempre lo que ven se corresponde con sus expectativas de un futuro en común.
Una vida nueva en lugar de los roles de siempre
Los psicólogos señalan que tras la jubilación las personas revalúan sus prioridades. Algunos quieren viajar, otros dedicar su tiempo a aficiones o al voluntariado, y hay quienes simplemente anhelan tranquilidad y soledad. Si los deseos de los miembros de la pareja divergen radicalmente, el conflicto entre ellos se agudiza.
Otro aspecto importante es la duración de la vida activa. Las personas de hoy en día, a los 60 o 65 años, se sienten considerablemente más jóvenes que las generaciones anteriores a esa misma edad. Están sanas, llenas de energía y dispuestas a construir nuevas relaciones o a vivir para sí mismas. La perspectiva de pasar otros 20 o 25 años junto a alguien con quien no comparten intereses les parece demasiado larga.
Cabe señalar también que las mujeres son con mayor frecuencia quienes toman la iniciativa del divorcio a esta edad. Los investigadores lo relacionan con el hecho de que son ellas quienes, a menudo durante años, han sostenido a la familia unida, postergando sus propias necesidades.
El divorcio no es una tragedia, sino una elección
La percepción social de los divorcios tardíos está cambiando poco a poco. Si antes una ruptura tras 30 o 40 años de matrimonio se veía como un fracaso, hoy cada vez más personas la consideran una decisión consciente en favor de su propio bienestar.
Sin embargo, los especialistas subrayan que, antes de tomar una decisión definitiva, vale la pena intentar una conversación abierta con la pareja o acudir a un orientador familiar. En ocasiones, la crisis del «nido vacío» es temporal y la pareja puede encontrar nuevos puntos en común, esta vez sin los hijos ni las obligaciones laborales en el centro de su vida compartida.
