La adicción a la ketamina le costó la vejiga a una mujer

Mujer que perdió la vejiga por cistopatía por ketamina tras años de adicción a esta droga disociativa
La cistopatía por ketamina provocó daños irreversibles en su vejiga y obligó a extirparla.

Una mujer británica perdió la vejiga tras años consumiendo ketamina para aliviar los síntomas del trastorno de estrés postraumático y el insomnio. Ahora se ve obligada a orinar a través de un estoma situado en la zona del ombligo.

La historia comenzó con un trauma grave, tras el cual la mujer no pudo superar las consecuencias psicológicas. Intentando combatir por su cuenta el insomnio y el TEPT, recurrió a la ketamina, un fármaco que en la práctica médica se utiliza como anestésico, pero que con un consumo prolongado e incontrolado puede causar daños graves a los órganos internos.

Con el tiempo, la mujer desarrolló la llamada cistopatía por ketamina, una lesión progresiva de la vejiga causada por la exposición crónica a la sustancia. Esta afección se acompaña de una reducción drástica de la capacidad vesical, dolor constante y alteraciones en la micción. A pesar del tratamiento, el órgano sufrió daños irreversibles.

Los médicos se vieron obligados a extirpar la vejiga por completo. Tras la operación, se le practicó a la mujer una urostomía, una abertura artificial en la pared abdominal anterior a través de la cual se drena ahora la orina. Según los especialistas, esta fue la única opción que permitió preservar su calidad de vida.

La cistopatía por ketamina es una complicación descrita de forma relativamente reciente, que se registra cada vez con mayor frecuencia entre personas que abusan de esta sustancia durante períodos prolongados. Los síntomas pueden desarrollarse de manera gradual y en las fases iniciales se asemejan a una cistitis común, lo que dificulta un diagnóstico oportuno.

Los especialistas advierten que la ketamina es una sustancia controlada y que su consumo autónomo fuera de supervisión médica conlleva graves riesgos para la salud. Aunque en los últimos años el fármaco se investiga como posible tratamiento para la depresión y el TEPT en entornos clínicos, su uso incontrolado puede acarrear consecuencias irreversibles.

Esta historia es un recordatorio más sobre el peligro de la automedicación y la importancia de buscar atención psiquiátrica cualificada ante trastornos relacionados con experiencias traumáticas. Las personas con TEPT tienen acceso a métodos terapéuticos contrastados, tanto farmacológicos como psicoterapéuticos, que no suponen tales riesgos para la salud física.

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