La dirección del puerto de Bilbao, uno de los mayores terminales de gas natural licuado (GNL) de Europa, ha hecho un llamamiento a la Unión Europea para que posponga la prohibición prevista para 2027 sobre las importaciones de gas licuado ruso. Así lo informa Ukranska Pravda citando la declaración correspondiente.
Según el representante del hub gasístico español, la aplicación apresurada de estas restricciones podría generar nuevos riesgos para la seguridad energética de los países europeos y, en particular, aumentar la dependencia de los proveedores estadounidenses de GNL.
Argumentos contra una prohibición acelerada
La postura de la dirección del puerto de Bilbao es que renunciar al GNL ruso sin disponer de tiempo suficiente para reorientarse hacia fuentes de suministro alternativas podría provocar un desequilibrio en el mercado gasístico europeo. En este contexto se menciona el posible aumento de la dependencia de las importaciones procedentes de Estados Unidos, lo que, a juicio de la parte española, supone sustituir un riesgo estratégico por otro igualmente indeseable.
El puerto de Bilbao desempeña un papel relevante en la distribución de GNL en la región, por lo que la opinión de su dirección tiene un peso práctico en los debates sobre el futuro equilibrio energético de la UE.
Contexto: la política de la UE para abandonar la energía rusa
La Unión Europea viene reduciendo de forma sostenida su dependencia energética de Rusia desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. En el marco de esta política se adoptó la decisión de abandonar progresivamente las importaciones de GNL ruso, fijándose 2027 como fecha de referencia.
Al mismo tiempo, una parte de los actores del sector energético europeo señala las dificultades prácticas para cumplir con esos plazos. Se subraya, en particular, la necesidad de desarrollar infraestructuras, cerrar contratos a largo plazo con proveedores alternativos y garantizar la estabilidad del suministro durante el período de transición.
La postura del hub español no representa una posición paneuropea, pero refleja las tensiones reales entre los objetivos políticos de la UE y los intereses prácticos de determinados actores del mercado energético. La decisión definitiva sobre los plazos y las condiciones de la prohibición corresponde a las instituciones de la Unión Europea.

